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Abordar un conflicto

Posted by ampatapia on 8 mayo 2009 in Educación emocional y Crecimiento personal |

En el número 205 de la revista «CUERPOMENTE» aparece un interesante artículo con ese título, en el que se explican las claves para resolver este tipo de situaciones. Hemos destacado los contenidos principales de este artículo:

Hay personas que parecen atraer los conflictos, mientras otras los eluden o resuelven de forma creativa. Si se enfocan con flexibilidad, las desavenencias permiten madurar como persona.

Si la vida estuviese exenta de conflictos probablemente sería imposible el progreso y no se ofrecería a la humanidad la oportunidad de desarrollar nuevos recursos para superarse y dar un paso más allá.

Tanto los conflictos entre personas como los conflictos interiores y los conflictos entre grupos y civilizaciones plantean a quienes los experimentan el reto de aprender. Pero, ¿qué pasos pueden ayudar a comprender la lección? ¿Qué actitudes y conductas nos apoximan a una solución?:

1) Aceptar lo que sucede sin juzgarlo: Puede ser útil preguntarse: «¿qué puedo aprender de esto?». Aceptar lo ocurrido sin juzgar permite ampliar la visión de las cosas. Los conflictos se generan porque dos formas de sentir y  pensar entran en confrontación. La ofuscación que se deriva de eso puede disiparse si se acepta que la parte contraria se rige por un mapa distinto, el cual determina sus actos.

2) Saber ponerse en el lugar del otro: En todo conflicto existen como mínimo tres posiciones: la propia, la contraria y la de quien lo observa desde fuera. Las dos partes en conflicto casi siempre buscan lo mismo: cubrir necesidades básicas para los seres humanos, como son la seguridad, el reconocimiento, la valoración o el afecto. Se trata de unas necesidades que no suelen hacerse explícitas durante el conflicto; por ello, esforzarse por descubrirlas ayudará a encontrar una solución próspera para ambas partes.

3) Distinguir entre conducta e identidad: Muchos conflictos surgen como reacción a la etiqueta que se le ha colgado a una persona más que a lo que ha hecho.

4) Buscar el silencio: A veces basta contar hasta diez; en otras ocasiones se necesita más tiempo. El silencio permite examinar lo que ha pasado y detenerse a valorar qué se desea  a partir de ese momento. Todo conflicto entre personas implica en buena medida un conflicto en el interior de cada una de ellas. A menudo, el otro hace de espejo de facetas nuestras de las que no somos conscientes o que rechazamos.

5) ¿Estoy dispuest@ a resolver ese conflicto?: Despegarse del niño que patalea para comportarse como un adulto, comprender a qué jugamos y si queremos seguir jugando, es crucial para avanzar hacia una solución.

6) Negociar para lograr el «yo gano, tú ganas»: Lo ideal es lograr un acuerdo en el que todas las partes salgan ganadoras. Eso resulta más fácil si se actúa desde el respeto a uno mismo y al otro, y se trabaja desde un lugar donde se han aparcado los juicios para dejar que la serenidad aflore. La pregunta es: «¿Qué busco de bueno para mí?». La respuesta no sólo facilitará la solución, sino que desvelará las causas del conflicto más allá de las discusiones dialécticas. Ciertos conflictos perduran y parecen irresolubles. Eso suele ocurrir cuando ninguna de las partes revisa su postura, perdiendo la oportunidad de crecer como persona, empresa o nación.

4 formas de mejorar el diálogo:

  • Evitar los elementos que distorsionan la comunicación contribuye a resolver un conflicto. Conviene buscar el lugar y el momento oportuno para que el otro pueda prestar atención a lo que se quiere decir, procurando que esté libre y relajado.
  • Hablar cuando no se está presionado por las emociones, pues entorpecen la comunicación.
  • Mostrarse dispuesto a escuchar afloja la tensión y facilita la cercanía. Imagina que eres un cuenco vacío que recibe al otro sin críticas ni prejuicios. Es útil fijarse en el lenguaje corporal, dejar hablar y preguntar para asegurarse que se entendió bien a la otra persona.
  • Ser asertivo supone expresarse con claridad, sin agresividad, y valorando las opiniones ajenas tanto como las propias.
  • Las acciones más adecuadas para romper el hielo:

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    Probablemente no hay conflicto sin solución. Encontrarla permite sentirse mejor con uno mismo, pero eso requiere invertir la dirección de los pensamientos, a fin de intentar comprender al otro en vez de simplemente criticarle.

  • Hacer un esquema o mapa con las necesidades y temores de cada parte permite ver desde qué lugar discute cada uno, lo que busca y entrever soluciones. Es útil poner un título que sintetice el problema.
  • Ecuanimidad. Las preguntas: ¿cómo me juzgo? ¿cómo juzgo al otro? ¿cómo juzgo el mundo y el futuro? ayudan a no dar nada por sentado e identificar las creencias que alimentan los pensamientos. Examina tu «película» de la realidad con cierta distancia y evalúa cómo te hace sentir.
  • Aprender a manejar la ira. Para digerir la ira, realiza alguna actividad incompatible con ella, como escuchar música, respirar, dar un paseo, llamar a un amigo sin comentarle lo ocurrido o simplemente observarla sin reaccionar. La rabia ayuda a reafirmarse y a poner límites al otro, pero ciega.
  • Cambiar el sujeto. Procura colocar la palabra «yo» donde está el «tú». Por ejemplo: si pienso, tú me estás haciendo daño, las preguntas para formular serían: ¿Yo me hago daño? ¿Yo le he hecho daño?
  • En el otro asiento. Coloca una silla delante de ti como si fuera la otra parte en conflicto y expón lo que pienses y sientas. Después, siéntate en ella como si fueras el otro y averigua qué te diría al respecto.
  • Asumir la responsabilidad que corresponde. Al hacerlo las tensiones se suavizan porque se deja de cargar las tintas en el otro y se genera la sensación de que entre los dos puede resolverse. Se tiene que entender el conflicto como una oportunidad de descubrir aspectos de uno mismo y que, al igual que las crisis, ayuda a madurar.
  • Ser creativo. Si el conflicto perdura, conviene poner en práctica nuevas acciones para generar nuevas respuestas. Un buen mediador busca los puntos en común de cada parte.
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